Fue muy emocionante recorrer una calle tan tradicional. Tenía la esperanza de encontrar alguna geisha o maiko (incluso acudimos sobre la hora a la que suelen salir del trabajo, a las seis y pico), pero no tuvimos suerte.
Igualmente, disfrutamos muchísimo de la experiencia. Al ser de noche, las luces de los establecimientos ofrecían un espectáculo precioso. Se sentía como estar dando un paseo nocturno por el Japón antiguo.
Me parece que este tipo de ambiente representa ese aire clásico de Japón que nos atrae a los verdaderos fanáticos de este país. Creo que tiene mucho más encanto que los edificios de cristal y rascacielos altísimos y la tecnología, por mucho que también sean impresionantes.