Totalmente recomendable, si tienes niños se lo pasarán muy bien haciendo las actividades. Es un pequeño parque con casas tradicionales de las islas. Tienen muchas actividades, como pintar Shisa (reserva antes), ver las danzas y escuchar la música tradicional (no te lo pierdas, es muy bonito y los artistas son gente maravillosa), comer donuts de Okinawa, dar de comer a monos ardilla (actualmente por el covid solo se pueden visitar, pero sin dar de comer, sigue siendo muy divertido), ver las vistas des de el mirador (espectacular) y pasear por una zona de manglares. La gente del parque es muy amable y si hablas un poco de japonés los músicos y la bailarina te contarán muchas anécdotas e historias de cuando eran jóvenes y de la historia, tradiciones y cultura de la isla.
Es un lugar donde los monos no están en libertad. Hay una valla electrificada para retenerlos. Lo que fue desgarrador es el búfalo que tienen en un espacio pequeñísimo, atado... Horrible, la verdad. Nos fuimos enseguida.
El búfalo es una vergüenza!!! Lo tienen atado con apenas dos metros de cuerda. Me pareció terrible. El sitio está genial pero por favor, que hagan algo con ese pobre animal en una charca diminuta y sin posibilidad de moverse.
Me encantó la naturaleza del sitio, ver las manos y lo mejor el mirador de arriba
Económico para lo que ofrece
** mejor que no haga mucho calor… o elegir bien la hora de visita