El templo Chūson-ji, en Hiraizumi, es uno de esos lugares que transmiten una sensación de calma profunda apenas cruzas sus puertas. Fundado en el siglo XII, fue concebido como un espacio de oración por la paz, algo que todavía se percibe al recorrer sus senderos rodeados de cedros centenarios. Su mayor tesoro es el Konjikidō, el salón dorado, completamente recubierto de pan de oro, que impresiona no solo por su belleza, sino por el simbolismo espiritual y político que encierra. Lejos del bullicio de las grandes ciudades japonesas, Chūson-ji invita a detenerse, observar y reflexionar. Es un templo que combina historia, arte y espiritualidad de una manera muy equilibrada, y que permite comprender mejor la importancia cultural que Hiraizumi tuvo en su época de esplendor.
Muy bonito lugar, les recomiendo ir en bici o autobús hasta las faldas del cerro ya que para subir esta retirado y es algo cansado, si dispones de todo el tiempo del mundo puedes ir caminando.