Templo Daisho-in: El secreto mejor guardado de Miyajima.
Si algo me ha quedado claro tras visitar templos por todo Japón, es que el Daisho-in (大勝院) juega en una liga completamente propia. Para mí, se sitúa sin despeinarse entre los templos budistas más bonitos, envolventes y con mayor personalidad que he pisado jamás.
El camino: un deleite para los sentidos
El viaje empieza bastante antes de cruzar su puerta principal. Alejarte de la costa y pasear por el entramado de callejuelas tradicionales de Miyajima —con sus fachadas de madera envejecida (machiya), sus faroles de piedra y la calma que se respira en cuanto te alejas del bullicio del puerto— ya supone un regalo visual y sensorial. El aire huele a cedro húmedo, al dulce toque tostado de los momiji manjū saliendo de los obradores artesanales y a la brisa marina que se cuela sutilmente entre los tejados. Es un paseo gradual que te va preparando mentalmente para lo que viene.
Un entorno donde la naturaleza manda
Al llegar a la falda del monte sagrado Misen, el entorno te atrapa de inmediato. Daisho-in no es el típico templo plano o sobrio; es un laberinto de pabellones, terrazas y senderos integrados perfectamente en el paisaje de la montaña.
Escaleras de piedra flanqueadas por rodillos dorados de oraciones (rotatorios mani), riachuelos de agua helada descendiendo entre el musgo, puentes tradicionales y una cubierta de arces japoneses (momiji) que en otoño estallan en rojos fuego y en verano regalan una sombra verde casi mística. Todo aquí parece haber crecido de forma orgánica junto al bosque.
1.200 años de espiritualidad
Detrás de esta atmósfera hipnótica hay más de doce siglos de tradición. El templo fue fundado en el año 806 por el célebre monje Kōbō Daishi (Kūkai), figura clave del budismo Shingon y una de las mentes espirituales más influyentes de la historia de Japón, tras regresar de sus estudios en China y ascender al monte Misen a meditar.
Durante siglos, Daisho-in mantuvo una vinculación directa con la familia imperial (incluso el emperador Meiji se hospedó aquí en el siglo XIX). Esa relevancia histórica explica la asombrosa riqueza de su patrimonio: desde el salón subterráneo Henjokutsu —iluminado por cientos de faroles colgantes que representan la ruta de peregrinación de las 88 estatuas de Shikoku— hasta sus salones dedicados al Buda de la Compasión.
La «magia de los gorritos» y el significado tras la lana
Pero si hay un detalle entrañable y único que se queda grabado en la memoria, es lo que podríamos llamar cariñosamente la «magia de los gorritos». Esparcidos por las laderas, alineados en los escalones y escondidos entre el musgo hay cientos de pequeñas estatuas de piedra —principalmente los 500 Rakan (discípulos iluminados de Buda) y multitud de figuras de Jizō Bosatsu—. Y casi todos lucen orgullosos gorros de lana tejidos a mano y baberos coloridos, predominando el rojo brillante.
Lejos de ser una moda decorativa, esto responde a una tradición popular profunda:
Protección divina: Jizō es el bodhisattva protector de los viajeros, los niños y las almas de los más pequeños.
Calor y devoción: Los fieles y los monjes visten a las estatuas con estas prendas como un acto de cariño, mantenimiento ritual y gesto de gratitud, buscando mantener calientes a las deidades que protegen a sus seres queridos.
Simbolismo del rojo: En la cultura popular japonesa, el color rojo se asocia históricamente con la salud, la fuerza vital y la capacidad de ahuyentar malas energías.
Ver a este verdadero ejército de estatuas sonrientes, cada una con un diseño de gorro distinto —algunos hechos con un mimo artesanal espectacular—, le aporta al recinto un matiz cálido, humano y divertido que contrasta de forma mágica con la solemnidad del templo.
Daisho-in demuestra que la verdadera magia de la isla de Miyajima no termina en su famoso Torii flotante sobre el mar. Perderse una o dos horas subiendo por sus terrazas y descubriendo cada rincón es, sin duda, una de las experiencias más completas y memorables que se pueden tener en Japón.
Espectacular zona templaria budista que enamora por todo su entorno y belleza bien cuidada. Llama la atención el numero infinto de figuritas y estatuas que hay en todo el recinto. El templo espectacularmente bien iluminado por centenares de lamparas que dan un encanto y calor inusual. Sin duda una visita obligada si estas en Miyajima.
El Daishoin es uno de los templos más especiales y menos concurridos de Miyajima. Situado en la ladera del monte Misen, ofrece una experiencia mucho más tranquila y espiritual en comparación con otras zonas más turísticas de la isla.
Lo que hace único a Daishoin es la gran cantidad de detalles que se encuentran a lo largo del recorrido. Escaleras flanqueadas por pequeñas estatuas, farolillos, ruedas de oración y rincones ocultos crean un ambiente casi mágico. Cada paso invita a detenerse y observar.
El entorno natural añade aún más encanto, especialmente en otoño, cuando el templo se rodea de colores cálidos. A medida que asciendes, también se obtienen vistas interesantes de la isla.
El ambiente es silencioso y muy auténtico, ideal para quienes buscan una conexión más profunda con la cultura y la espiritualidad japonesa.
En definitiva, Daishoin es una joya escondida en Miyajima. Un templo lleno de simbolismo, belleza y tranquilidad que merece ser descubierto con calma.
Visitado en el 2024.
Uno de los Templos Budistas más hermosos que vi en el mes que estuve en Japón.
Quiero mencionar que pasé vergüenza ajena por culpa de unos turistas españoles que estaban gritando en la entrada del Templo. Aunque esté en un entorno natural, esto es un lugar de culto. Los turistas deberían tener más educación. Ojalá hubiese alguna persona encargada de controlar a la gente que no sabe comportarse.
Había un algunos grupos escandalosos más, pero si te alejas de la entrada y te adentras más en el Templo, podrás disfrutar de un ambiente relajante y lleno de paz.
Podrás dejar una ofrenda en la estatua de tu horóscopo, tocar la campana y mostrar tus respetos en muchos sitios.
Un lugar increíble sin dudas.
Cuando estás abajo no esperar que tenga todo lo que tiene. Es realmente mágico a cada
Pasó que das. No se lo pierdan, vayan temprano que cierra a las 17 hs