Normalmente se tarda 1-2 horas en explorar completamente el santuario y sus alrededores.
Se anima a los visitantes a seguir las costumbres tradicionales, como hacer una reverencia, lavarse las manos antes de entrar al santuario y abstenerse de tomar fotografías dentro del salón principal.
Si bien no hay un código de vestimenta estricto, es aconsejable usar ropa modesta para honrar la naturaleza sagrada del sitio.
Comer y beber están prohibidos en los terrenos del santuario para mantener su ambiente pacífico y limpio.
La temporada de los cerezos en flor en abril y el follaje otoñal en octubre son populares entre los visitantes, por lo que el santuario puede estar más concurrido durante estos meses. Sin embargo, el Santuario Futarasan puede visitarse en cualquier época del año y aun así ofrece una experiencia serena.
Comparado con el templo de Toshogu, mucha menos gente, más agradable de visitar, 300¥. El santuario está muy bien conservado y varios detalles muy originales. Por la parte de atrás hay un pequeño sendero para ir a hacer rezos. Me ha gustado mucho, muy recomendable.
Entiendo que muchos japoneses estén cansados de tanto turista pero me pareció una falta de respeto muy grande lo de las señoras que estaban en la taquilla. Cerraron la venta de billetes al menos 15 minutos antes de la hora establecida y luego se pusieron a omitir la presencia de los turistas que hacían fila. De verdad, mal karma, no deberían trabajar en un santuario con esa actitud.
Precioso lugar, muy cerca del famoso Toshogu. Se puede entrar gratuitamente al recinto para verlo desde fuera. El entorno es increíble, en plena naturaleza, cuenta con dos enormes toriis de entrada, y destaca por la estatua de un conejo dorado. Merece muchísimo la pena acercarse a verlo.
Precioso lugar al que se llega andando desde Toshogu, dedicado al nieto de Tokugawa Leyasu. Además lo visitamos en otoño con lo que estaba el bosque en todo su explendor