What other travelers are saying about Santuario Hirano
Templo tranquilo no lejos del Pabellón Dorado. En la entrada había un panel que ofrecía información de la historia del templo y de otras curiosidades relacionadas con él. Lugar tranquilo que probablemente en primavera no lo estaría tanto dada la gran cantidad de cerezos que tiene. Como lo hemos visitado en otoño, la vista no es tan espectacular pero ha sido muy agradable. Como dato anecdótico, tiene parking gratuito para dejar la bici.
El santuario es célebre por sus espectaculares flores de cerezo, con alrededor de 50 especies y 400 cerezos plantados en sus terrenos. Ha celebrado un festival de los cerezos en flor cada año desde 985, lo que lo convierte en un lugar favorito para que locales y turistas contemplen y celebren bajo los cerezos.
El Santuario Hirano es accesible mediante varias líneas de autobús desde la Estación de Kioto, como los autobuses #205 o #50 hacia Kinugasa Komae. Desde Sanjo Keihan, puedes tomar el autobús #15 hasta la misma parada. Para quienes están cerca de Shijo Omiya (Ferrocarriles Hankyu), el autobús #55 también lleva al santuario.
La entrada al Santuario Hirano es gratuita, lo que lo convierte en un destino acogedor para los visitantes que deseen explorar su belleza histórica y natural sin preocuparse por las tarifas de admisión.
El Santuario Hirano, establecido en el año 794 d. C. por el emperador Kammu para coincidir con el traslado de la capital a Heian-Kyo, es reconocido por su festival de flores de cerezo y su importancia histórica. Ha sido un lugar de patrocinio imperial y es conocido por su conexión con la Casa Imperial de Japón y la familia real.
El Santuario Hirano está cerca de varios otros lugares notables, incluida la Universidad Ritsumeikan, el Santuario Kitano Tenmangu y el famoso Templo Kinkakuji. Su ubicación en el noroeste de Kioto hace que llegar a estos importantes sitios culturales e históricos.
Supongo que ahora en primavera estará mejor, pero yo fui en otoño viniendo de paso del Pabellón Dorado y me pareció muy tranquilo pero bastante descuidado en algunas zonas, aunque lo salvaje del sitio tenía su encanto.
Precioso santuario sintoísta a poco camino del pabellón dorado. Si se da uno un paseo, recomiendo mucho el camino por este santuario, con preciosos jardines de grandes contrastes y colorido en primavera, y que aporta frescura y sombra en verano. Es un lugar de paz y calma a camino entre el Kinkaku-ji y el lugar donde uno se hospede.